Las dos somos argentinas, las dos vivimos en España, las dos seguíamos un amor . Junto con Marina Martínez de viajando desde casa compartimos esa misma experiencia.

A las dos nos enamoró el país y las dos extrañamos nuestra tierra. ¿Qué tiene España que te roba el corazón? ¿Qué tiene Argentina que siempre nos tiene pensando en ella?

España tiene sangría y jamón, aceite y bocatas, abanicos y bailaoras. Argentina tiene el mate, el asado, las puteadas y el vos en lugar del tú.

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Bailes por la calle

España tiene a Madrid, que fue mi hogar por 16 meses. Aunque le bastó con un par de días para que me sienta como en casa y que viva en ella mi mejor experiencia de vida.

Extrañé la comida:

No es ninguna sorpresa, todo argentino girando por el mundo extraña una buena docena de empanadas (que poco tienen que ver con las españolas) o una de facturas. No había duda de que tanto a Marina como a mí nos hizo falta una buena dosis de gastronomía argentina, una cuota de dulce de leche, una porción de panqueques, un choripán de la calle.

En Argentina estamos hechos de gente que vino desde muchos lugares del mundo, y no se si su influencia se habrá reflejado en la creación de los platos típicos que preparamos religiosamente todos los domingos, que tomamos con mate todas las tardes o que comemos con tanto placer, pero sí se que no encontras nada parecido fuera de sus fronteras.

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Al mate lo queremos y le sacamos fotos

Extrañé las puteadas:

Naif y casi gracioso le resultará a un argentino el ¡Gillipollas! como puteada suprema, que le queda bien corto al oído argento, acostumbrados a contar con una variedad tan grande de malas palabras (irreproducibles por este medio) que es prácticamente terapéutico y que conocemos como el Padre Nuestro; por eso decimos que tenemos un “Rosario de puteadas”

Tremendamente cómico me resultaba escuchar pronunciar con tanta naturalidad palabras (y sobrenombres) que para mí siempre tuvieron un sentido pícaro. Es que como me dijeron por allá, desviamos todas las palabras (e inventamos otras tantas) para darle rumbo un poco más…¿Atrevido?.

Amé su gastronomía:

Siempre lo digo y siempre lo diré, la dieta mediterránea debería ser considerada una de las maravillas de la humanidad; sabroso como comí en España no comí en ningún otro lugar. Siempre parados o en alguna terraza,  en un abrir y cerrar de ojos estas comiendo una tapa de lo que sea y te arman una bocata con lo que se te ocurra: jamón , queso, tomate, tortilla, rabas.

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¡Un bocadillo de tortilla a la derecha, por favor!

Y además de creatividad y practicidad a la hora de preparar cosas ricas, los españoles tienen dos joyitas que los hacen famosos en el mundo: el aceite de oliva y el jamón son los diamantes de la gastronomía española. Porque ¿¡A quién le importa el colesterol?!

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Amé su capital:

La combinación perfecta de gran ciudad y de pueblo pequeño y alejado, un poco de los dos en su justa medida. Avenidas repletas de bares y negocios y calles anchas y altas de edificios luminosos con el constante hormiguero de autos se conjugan con enormes oasis libres de ruido y movimiento en donde bajas mil cambios en un instante.

Había pasado más de un año desde que me había instalado en la capital, y aún me costaba creer que desde la ventana del comedor de mi casa veía los cuatro edificios más altos de la ciudad y desde la habitación tenía vistas a las sierras, llegaba incluso a ver cuando había nevado sobre los picos y todos los días tenía los atardeceres más lindos del mundo. Desde un espacio tan chiquito, de una punta a la otra del lugar, el paisaje mutaba 100%.

Poder cambiar de aire y estar en las sierras en menos de una hora me parecía una fortuna que a veces pasa desapercibida. Me preguntaba cuánto podría manejar desde Buenos Aires para encontrar ese aire puro y sentía que esos grandes cambios en distancias tan cortas no tienne precio.

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La combinación perfecta de gran ciudad…
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y cambios de ritmo con grandes efectos relajantes
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A una hora de autobús

Si alguna vez visitas Argentina, no te pierdas la oportunidad de prestar atención a esas pequeñas cosas que decimos y hacemos los argentinos que nos caracteriza. Y si en alguna ocasión pisas suelo español, no dejes de descubrirla así, de internar atrapar su esencia. Que en ninguno de los casos se te escape la generosa alma que tienen los dos países.

Mientras tanto yo, acá o allá, siempre añoraré ese otro lugar. Cuando estaba en España me entusiasmaba buscar cosas que me hicieran hacer sentir un poco más cerca de casa (el corte de carne perfecto para las milanesas, los alfajores que encontraba en algunas ocasiones en esos almacenes que tienen de todo), y por ahora me conformaré con dejar salir siempre que pueda ese pedacito español que se quedó en mí.

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