Estábamos desde hacía más de un año en el país vecino y todavía no la habíamos visitado. Estábamos a punto de pegar la vuelta y nunca se nos había cruzado por la mente ir a conocerla. “¿Qué tiene Lisboa?” nos preguntábamos cada vez que teníamos un hueco para escaparnos. Nada se nos venía a la mente. Siempre otra propuesta parecía más atractiva. Tuvo que aparecer una oferta en pasajes para convencernos de que valía la pena reservar una de las últimas vueltas en esa dirección.

He leído por ahí que existe una palabra en portugués que no tiene un equivalente en el idioma castellano. Desbundar significaría algo así como perder las inhibiciones, divertirse como si ni hubiese mañana. Y Lisboa me pareció un gran escenario preparado para es desbunde.

Lisboa tiene azulejos…

Son las cortinas de fondo y el telón del decorado. Alguna vez fueron exclusivas de reyes atraídos por el estilo mudéjar, que en su momento supo ser el único en esas tierras. Los traían desde lejos, cada uno diferente al otro, se convirtieron en objetos de deseo para toda la población, que poco a poco también comenzó a decorar sus casas con retacitos de colores. Finalmente se quedaron para algo más importante: a Lisboa la estrecha el río Tajo con los dos brazos, hay humedad en el ambiente todo el año y los azulejos no solo la visten, sino que hoy en día también protegen los muros.

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Podes encontrar tanta cantidad, de tantos tipos y en tantos lugares que la ciudad te va a tener con la cabeza levantado y los ojos arriba buscando nuevas formas.

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Lisboa tiene empedrado portugués…

Te va a tener mirando al cielo y al suelo también, porque todo ese tablado que es Lisboa está alfombrado con adoquines que dibujan historias en el suelo. Historias de barcos y buenas sirenas, de navegantes y de reyes que no quisieron caminar por suelos embarrados y en su lugar crearon mosaicos en blanco y negro en el suelo de toda la ciudad.

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Alfombras creadas adoquín por adoquín por los condenados que expiaban así sus delitos. Calzada que solo habla portugués y le da un sello único a las calles lusas. Tapiz que conforma una verdadera obra maestra a nuestros pies.

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Las veredas desde el Elevador de Santa Justa

Lisboa tiene tranvías…

Unos muy particulares, que completan el decorado de este espectáculo. Que hacen recorridos movidos y turbulentos, sobre pendientes empinadas y al ras de las paredes de las casas. Son ya casi un símbolo lisboeta, tanto es así que algunos incluso tienen un uso casi exclusivamente turístico.

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El famoso tranvía 28

Son pequeñísimos, conservan su antigua forma, por dentro las maderas se quejan con cada sacudón y hace sonar campanas cada vez que está por llegar. En realidad estás comprando un boleto a otra época.

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Plaza de Comercio

Lisboa tiene pastel de Belém…

¿Gostas de comer bem? Probá el pastel de Belém me dijo una brasilera amiga. Fue literalmente una de las primeras cosas que hice. El paso siguiente fue comprar directamente una caja de pasteles.

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Gracias Lisboa por tus pastelerías
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Solo la pastelería junto al monasterio tiene los derechos sobre el nombre, en el resto de las pastelerías encontramos Pastel de Nata

Que los hagan en un monasterio podría hacerte pensar que son una intervención divina, un regalo de Dios o algo por el estilo, pero la realidad es que los de todas las pastelerías están igual de buenos. Lisboa debe ser uno de los pocos lugares en el mundo en el que podes encontrar una fila más larga para comprar en una pastelería que en cualquiera de sus museos, iglesias, o atracciones y  que tiene casi tantas pastelerías como gente que la habita.

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Llegó mi turno

Lisboa tiene las colinas y el río Tajo…

Siete colinas para ser exacta. Los desniveles en la ciudad son tan grandes que hasta fue necesario un ascensor para pasar de un barrio a otro. Y ese río que nace finito en España, pasa por Toledo y se encuentra finalmente con Lisboa para morir poco después en el océano Atlántico.

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La ciudad desde el mirador de Santa Luzia

Sin embargo nada de eso puede apreciarse con tanta belleza como cuando tomas un poco de distancia, cruzas el río, enorme a esas alturas y ves el sol caer sobre la ciudad desde lejos. El río cambia de color, el sonido de agua golpeando la costa se hace más intenso y las casas parecen mucho más amontonadas, como un puñado de edificios, como una ciudad que se quedó sin lugar para crecer. La misma que recibió a los navegantes cientos de años atrás, la misma que vio partir a sus propios reyes, la misma que vieron todos los que llegaron allí cuando el Muelle de las Columnas no era más que esplendor.

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Al otro lado del Río Tejo

Lisboa tiene la Alfama y la Baixa…

Barrios emblema de los desniveles de la ciudad. Uno por todo lo alto, en las entrañas mismas de la capital, el otro por lo bajo y pegado al río, el centro de la Lisboa más cercana a nuestros tiempos.

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El Castillo de San Jorge, en lo alto de la Alfama

Calles enredadas y miradores que dejan a toda la capital portuguesa a nuestros pies. Subidas y travessas en la Alfama. Calles ordenadas y millones de pastelerías en la Baixa. El antiguo castillo, que vio nacer la ciudad en lo alto de la Alfama y el puerto que vio llevarse en barcos la capital portuguesa a Brasil en la Baixa. Testigos del cambio constante del que la ciudad es protagonista desde sus orígenes.

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La Baixa en primer plano, la Alfama de fondo

Lisboa tiene puentes…

Dos de los más maravillosos que vayas a ver, propio de una ciudad en la que los extremos del río se encuentran más separados que en ningún otro punto de su trayecto.

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Ponte Vasco da Gama

El puente 25 a Abril, que recuerda a su lejano gemelo estadounidense, desde el mismo lugar que vio despedirse a los viajeros que zarparon a explorar el mundo.Su nombre conmemora el día en que ocurrió la Revolución de los Claveles, cuando un golpe de estado puso fin a otro golpe de estado en el país.

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Puente 25 de Abril

Y el puente Vasco da Gama, que ostenta el título al mayor puente de Europa, lleva el nombre del célebre navegante portugués porque fue inaugurado para el 500º aniversario de su llagada a la India. Te desafío a que logres, desde un extremo, ver su otro extremo.

Lisboa tiene gente amable…

Y cortés por sobre todas las cosas, que siempre tienen un obrigado/a en la punta de la lengua. No te olvides de regalar uno a cambio.

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¡Incluso posan para la foto! 

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