Mentiría si dijera que las ultimas navidades no extrañe pasarlas en el hemisferio opuesto, con 30° de temperatura y vestido liviano. Con los fuegos artificiales justo cuando dan las doce (pero no de los que hacen ruido porque asustan a los animales), el mantecol (dios mío como extrañé el mantecol). Brindar y abrir los regalos a medianoche.

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No hay época más linda en el año

Pero tengo que admitir que la navidad en invierno también tiene su encanto, sobre todo, porque podes comer las típicas comidas pesadas de estas fechas sin que caigan como una bomba en el estómago (eso si que no lo extrañé). Algunas veces me preguntaron por acá que comíamos por allá para esta época pasándola con tanto calor. Y yo les respondía que comíamos lo mismo que acá pero también lo de allá, así que después del pionono salado y el vitel toné venía el plato principal: el pollo relleno, el asado y las ensaladas de todo tipo. Pero como hace calor, de postre toca helado o ensalada de fruta. Y como no pueden faltar en navidad, a eso le siguen el pan dulce, los turrones, las garrapiñadas, el maní confitado y varias cosas mas que tienen dos consecuencias principales: la primera es que el 25 de diciembre y el 1 de enero son oficialmente los días en las que se come la comida que sobro el día anterior; y la segunda es que durante todo el mes la temática dominante en programas de TV de cualquier tipo es la dieta detox post fiestas. Y todo eso, se extraña.

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En Italia hicieron esta torta para el Día del Inmigrante, imaginate lo que comimos en Navidad

Pero como decía, la navidad (y el año nuevo) en invierno también tienen lo suyo.

El año pasado recibimos el 24 en Rapino, un pequeñito pueblo de montaña de la región italiana de Abruzzo. De más esta decir que comimos como nunca antes en la vida, y no miento si digo que nos sentamos a la mesa al mediodía y prácticamente no nos paramos hasta pasada la cena de navidad.

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Navidad a la italiana

No falto la comida casera, la pasta, las tortas, los turrones y pan dulces; pero acá nada de brindar con sidra. A medianoche estábamos escuchando una misa dictada en italiano en una de las varias iglesia del pueblo, que de todas maneras rebosaba de gente y una vez finalizada la misa, y luego de besarle la frente a la estatua del recién nacido niño Jesús, brindamos, pero esta vez con vino caliente. Los regalos tuvieron que esperar hasta el otro día (¡pulgares abajo a eso!).

Pero si tengo que elegir lo que más me gusto de pasar las fiestas por acá, eso que me gustaría ver todos los años, sin duda me quedaría con los vestidos de luces que se ponen todas las ciudades desde principios de diciembre y hasta ya entrado enero. Arboles de navidad gigantes por las calles y en cada lugar en el que entras, paredes enteras encendidas en los edificios y calles iluminadas con colores, todas con formas diferentes, mercadillos navideños que aparecen de tanto en tanto y Papá Noel trepando en todas las ventanas de España.

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Acá Papa Noel entra por la ventana

Recibimos el 2016 en Madrid, intentando comer una uva por cada campanada antes de que dé la medianoche de la nochevieja; misión imposible por cierto. Lo único que logré, por falta de tiempo para tragar fue llenarme la boca de uvas y decir un ¡Feliz año nuevo! bastante mal pronunciado.

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Calle Alcalá en todo su esplendor

Y este año nos tocó festejar la navidad en Viena, no sin antes hacer una ruta navideña por varias ciudades que también estaban vestidas para la ocasión y que resumo aquí en un recorrido más que nada visual:

Bratislava, Budapest y los mil mercaditos:

Cosa que no suele encontrarse por otras latitudes, acá los mercaditos navideños abundaban; uno en cada esquina y el más lindo, siempre, en la plaza principal. Los dos primeros destinos de la ruta nos recibieron con vino, dulces, adornos y artesanías en mercados en la calle que le ponían el pecho al frío y la nieve.

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Así de helada nos recibió la capital eslovaca
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Mercadillos en Bratislava
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Figurita repetida en todas las calles de Budapest
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Mercadillos con cocina incluída

Viena y Varsovia, ciudades iluminadas:

En Viena recibimos oficialmente la navidad. Y como no podía ser de otra manera en la ciudad imperial, la decoración te dejaba boquiabierto en cada calle, en cada casa.

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En todos los detalles

Para nosotros fue una navidad rara, incluso más rara que la anterior; en Viena hacía frío y a nadie se le ocurriría salir de su casa para tirar fuegos artificiales, sin duda es mucho más conveniente quedarse en casa y adornar (¡ese mismo día!) el árbol navideño; aunque la misa a medianoche fue una cita obligada para la gran mayoría de los vieneses.

Por nuestra parte, decretamos que sea donde sea que nos toque pasarla, una cena especial y un brindis con sidra van a ser siempre infalibles.

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Incluso los mercadillos brillan
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¿Alguien habla alemán?
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Podràn variar los platos y el lugar, pero siempre habrá una cena especial

Sobre Varsovia ya nos habían advertido unas madrileñas en Cracovia. Yo descreí que pueda estar más lindo que Madrid y desconfié hasta que llegue al Palacio de la Cultura y la Ciencia. Carteles, árboles, escenario, todo era esplendorosamente enceguecedor.

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Palacio de la Cultura y de la Ciencia
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Muñecos de la plaza que son mucho más grandes de lo que parecen

Praga, la joya de la navidad:

Y sobre la belleza de Praga también nos habían advertido. Todos y cada uno de los edificios por donde sea que camines, el río y los puentes, el castillo a lo lejos, el centro. Sabíamos que Praga iba a ser una fiesta para los ojos; lo que no sabíamos es que la navidad podía resaltar tanto su belleza. No fueron los árboles o las luces, fue la ciudad, toda ella, vestida para la ocasión lo que hizo que la capital checa se llevara, en mi opinión, los laureles de esta ruta.

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Toques navideños en toda la ciudad
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La Iglesia de Tynn desde la Plaza de la Ciudad Vieja

2017 en Vilna:

Y el 2017 nos encontró en la capital Lituana, discreta, moderada. A penas se sospechaba que un año nuevo iba a empezar. Es que Vilna guardó el plato fuerte para la medianoche: sin importar los grados bajo cero, copa en mano salimos del hostel en dirección a la Catedral para ver los fuegos artificiales, sumándonos así a la procesión de gente que ya estaba en camino; algunos incluso iban a subir a la colina.

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La decoración modesta de la Plaza del Ayuntamiento

El show empezó antes de medianoche, duró hasta mucho más de pasadas las 12 y tuvo varios frentes: la plaza, la Catedral, la colina. Por todos lados explotaban colores en el cielo, desordenados, alborotados, sin un orden y sin más intención que abrazar el año que acababa de empezar.

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Saludamos a los familiares y amigos con 5 horas de ventaja

Los árboles de Riga:

Llevábamos días viajando y cambiando de ciudad, comparando los estilos navideños de cada una y sorprendiéndonos una y otra vez. Incluso antes de comenzar el viaje ya habíamos respirado el aire navideño recién salido del horno en Madrid y Dublín, pero en Riga encontré algo especial, y no fue solo que a cada paso había un árbol navideño, sino que cada uno era más original que el anterior. Y cada lugar tenía el suyo, la ópera, el ayuntamiento, las plazas y los parques.

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Esta hecho de madera y faroles
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Incluso los árboles de los parques

Tallinn: un árbol real, con decoración real y en un lugar original:

Cuenta la leyenda que aquí se inicio en 1441 la tradición de decorar nuestras casas con un árbol en ocasión de la navidad, y así lo indica una placa en el suelo de la plaza del Ayuntamiento que para esta época queda oculta bajo un gran pino que se abre paso entre los mercadillos, los juegos de la plaza y la gente que viene y va.

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La misma plaza, más de cinco siglos después

Aún no nevaba cuando llegamos, pero sí cuando salimos a pasear por la ciudad. La nieve le había dado al árbol un toque mágico que sumado al perfectísimo casco medieval de la ciudad te trasladaban a otra época

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Un pino verdadero, nieve verdadera

San Petersburgo y la navidad a contramano:

Como cuando termina una canción y le das repeat, terminando la ruta volvimos a festejar navidad. Al principio nos desconcertaron unos fuegos artificiales solitarios; después nos enteramos que ese día estaban festejando navidad.

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Una navidad a la altura de la ciudad de los zares
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Avenida Nevsky, inquieta como pocas

La Iglesia Ortodoxa Rusa aún utiliza el calendario juliano para celebraciones religiosas, por lo que la navidad se festeja el 7 de enero en lugar del 25 de diciembre. Ver las celebraciones en las Iglesias fue toda una experiencia.

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Catedral de Kazán

No sé en que otra ciudad me sorprenderá la navidad en un futuro, pero yo por ahora muero por volver a pasarla con calor, fuegos artificiales, brindando a medianoche y comiendo (mucho, mucho) mantecol.

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